17 febrero, 2015

Como antes

Es el alboroto de la calle lo que logra despertarme. Policías y tenderos discuten por el robo de una furgoneta. Ésta no es mi habitación ni ésta es mi ropa ni ése es mi vómito, pero huele igual que yo. Tengo las sábanas enredadas entre las piernas y las piernas enredadas con las de otra persona. Hay un brazo situado estratégicamente alrededor de mi cintura y una acompasada y cálida respiración en mi nuca. Pellizco el brazo con la punta de los dedos, después con las uñas hasta que me libera.
Camino entre los escombros de una noche de desfase intelectual que va desde la habitación hasta el salón: botellas de alcohol medio vacías, envoltorios de chocolatinas, trozos de pizza congelada encima de la mesa del café, diccionarios como posavasos, cartones de leche sobre el tocadiscos…
En la cocina reina el caos. El desagüe está atascado por culpa de las colillas y los cigarrillos sin acabar, el olor a podrido es insoportable. Abro la ventana. Joder, no sé dónde estoy. La silueta de esta ciudad se me antoja desconocida y a la vez… Parece un viaje en el tiempo. Los tejados son rojos, como los de antes; la ropa está tendida en el patio, como antes; la voz de una mujer atraviesa el patio y llega hasta el bloque de viviendas de enfrente donde otra le contesta con el mismo tono quejumbroso, las dos se ponen a cuchichear de ventana a ventana, como antes. ¿Y por qué lo sé? Porque yo antes vivía aquí. O en un lugar muy parecido a éste, de eso estoy segura.
Alguien se ha dejado un paquete vacío de Winston en el marco de la ventana. Dentro sólo hay un mechero sin gas. Cojo uno de los cigarrillos a medio terminar del fondo del fregadero. Detesto el tabaco, pero quizás sea ese leve frenesí de sostenerlo entre los dedos de lo que me gusta tanto presumir.
Mientras observo cómo se va consumiendo entre calada y calada, de repente, una mariposa revolotea hasta posarse sobre el alféizar. Me atraganto con el humo, toso con tanta fuerza que creo perderme allí por un instante. Agazapada por los espasmos, la mariposa cae al suelo de la cocina, fulminada. Entonces me empiezo a reír, loca, descontroladamente porque, joder, es mi puta casa y parezco una maldita extraña en mi propia casa. Mierda, tengo que limpiar la cocina antes de que ellos se despierten.
Ellos. Sí, ahora lo recuerdo. Fueron ellos los que me trajeron aquí, a esta casa, a esta vida, a estas interrogaciones. No sólo he perdido la noción del tiempo, sino también la mochila, esa carga emocional no sé dónde está. Todo cuanto me preocupaba, todo cuanto me decía que no debía acercarme a ellos, que debía mantenerme lo más alejada posible, simplemente se desvaneció. Ignoré la distancia, me ignoré y sucumbí.
Apesto a tabaco y a cerveza rancia.
Ahora mismo no sé dónde están mis ganas de volver. Tal vez estén esperándome en la puerta, junto a mi equipaje (una mochila con un par de libros, un cuaderno en blanco, una botella de agua, una toalla y un cepillo de dientes). El billete de vuelta dice que pronto tendré que regresar. A mi vida, a mi ciudad. Olvidarme de todo esto y continuar.
El sonido de un despertador me saca de mis pensamientos. Es la hora de recoger. Me incorporo, tiro el cigarrillo de vuelta al basurero que es el fregadero y cierro la ventana. Vuelvo a la habitación y mi ánimo termina por evaporarse. Ahí están ellos, abrazados el uno al otro en aquella cama de uno cincuenta. Reposo la cabeza contra el marco de la puerta. Por una parte, duele; por otra, me da igual.
Trepo encima de la cama y me dejo caer sobre ellos. Mi cara hundida en la almohada y un par de abrazos apretándome contra ellos.
Todavía es mi casa, todavía lo es.

5 comentarios:

  1. Es curioso: dices que cuando entras en mi blog, no hay límite de palabras que te detenga; y sin embargo, cada vez que paso yo por aquí, me quedo sin palabras que no sean trémulos amagos de alabanza.

    Besitos ♥

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    1. Y yo ahora mismo sólo puedo decirte que me encanta dejar a la gente sin palabras. Eso quiere decir que algo habré hecho bien. Muchísimas gracias por pasarte y dedicarle un tiempo a mi blog.

      ¡Besos!

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  2. Solo puedo decir un tremendo: Buah! no sé donde estabas pero estoy segura de que te estaba buscando. Me alegro haberte encontrado.

    Un beso!

    Por si te apetece, ya que estamos: Vérsame en tu boca

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    1. Con comentarios tan bonitos como éste, no sé muy bien qué decir. A veces los que me dejan sin palabras sois vosotros.
      Muchísimas gracias por pasarte. Éste es un proyecto que quiero sacarme de la cabeza para poder olvidarlo cuanto antes.
      Y sí, tendrá continuación.

      ¡Gracias por leer! Me pasaré a echar un vistazo a tu blog ;)

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  3. Un techo sobre la cabeza y un espacio donde reposar los huesos cansados. ¿Se necesita algo más para vivir tranquilo?

    Saludos

    J.

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