08 diciembre, 2014

En el horizonte


Nada de esto tendría que haber pasado, fue lo primero que le dijo nada más llegar a la frontera. Él le respondió entre risotadas que era inevitable que alguien saliese herido.
"Me ahorraré contestarte a eso. Con el depósito vacío, los grises pisándonos los talones y tú desangrándote en el asiento trasero, es imposible ser optimista."
Se hizo el silencio. Sólo la respiración entrecortada de su camarada le decía que aún estaba vivo. Malamente, pero vivo al fin y al cabo. Aunque cuando su destino era morir acribillados a balazos, el estar medio muerto era una gran ventaja.
"Saldremos de ésta", mascullaste no sin esfuerzo. 
Menudo cabrón. Ni teniendo que sujetarse las tripas con unos cuantos trapos y un cinturón viejo perdía la esperanza.
"No es por asustarte, pero empiezo a tener un poco de frío."
Mierda.
"¿Ruz?"
¡Mierda!

2 comentarios:

  1. Pues sí, menudo cabrón. Pero cabrón con esperanza, que vale por dos.

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    1. Y la esperanza es lo último que se pierde, aunque te estés desangrando.

      Gracias por leer :)

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