12 octubre, 2014

A quien esté al otro lado


Mental illness is like fighting a war where the enemy's strategy
is to convince you that the war isn't actually happening
Llevo días (o tal vez semanas, ya no lo recuerdo; el tiempo se me hace pesado y metido en esta celda todo pasa más despacio) sin escribir. Leo a duras penas los pocos libros que me están permitidos. Hablo con quien se cruza conmigo sin tener realmente algo que decir y respiro porque aunque intente dejarlo, las leyes naturales pueden más que mi voluntad (y porque, seguramente, terminaría atado a una cama de la sala de urgencias, y todos sabemos lo que ocurre allí; antes de eso me cortaría las venas, a mordiscos si hiciera falta).

Hace días que no sé nada de ti. ¿Sigues ahí? A veces creo que te oigo respirar. No dices nada, lo cual da mayor consistencia a mi teoría de que sólo eres un producto de mi imaginación. No sé ya ni quién soy. Si un personaje de una historia inacabada o un personaje de una historia aún por escribir. No lo sé. Estoy atrapado entre estas cuatro paredes conmigo mismo como única compañía. Podría ser peor ¿verdad?

En realidad, sí lo es. Antes estabas tú. Bueno, ni siquiera sé si estuviste en algún momento. La primera vez que me hablaste, me dijiste: "Mañana no será otro día de mierda más". Ahora no sé si me lo dijiste para animarme o para hacerme entender que más tarde o más temprano tendría que hacerme a la idea de que no saldría de aquí.

Siento que estoy perdiéndome en algún punto entre el pasotismo y la oscuridad total. Ya no me molesto ni en abrir los ojos. Los días son cada vez más grises y la comida sigue siendo una bazofia. Día sí y día también hay jaleo en la calle. Los oigo encabronarse y meterse los unos contra los otros. Al día hay al menos un par de titulares llamativos. Raro es el día en que no ocurre algún incidente. Yo me escondo bajo la piel, todavía no estoy recuperado del susto de la otra vez.

[Ha empezado a dolerme la rodilla. El frío.]

Cada vez estoy más y más cansado. Incluso escribirte me cuesta. No sé cómo lo hago para contener las lágrimas porque, aunque en una ocasión te dije que ya no me quedaba nada por lo que llorar, todavía hay algo de dolor en mí.

Quiero escribir, pero tengo miedo de enfrentarme al papel en blanco. En mi cabeza todo suena mejor.

Atentamente,


J.

© 2014 Todos los derechos reservados.
Carta publicada dentro de la Antología epistolar 
del blog Cafetería de Letras
Mis aportaciones: página 18 y 67
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5 comentarios:

  1. Has descrito perfectamente como se siente uno cuando las musas lo abandonan. Saludos.

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    1. Fueron unos días de mierda y sólo las palabras me ayudaron a sacar todo lo que tenía pudriéndome por dentro.

      ¡Gracias por leer!

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  2. A mí también me da mucho miedo a veces enfrentarme a las hojas en blanco... pero son las que más entienden.

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  3. Montse, he leído tus entradas y tengo que decirte que me gusta tu forma de escribir. Me da la impresión -dime si me equivoco- que no escribiste los dos textos el mismo día, se nota un estado de ánimo completamente distinto. Tu respuesta es -me ha parecido- impactante; pocas líneas para reflejar la cobardía de una huida y tajante en su resolución. He de reconocer que por un momento pensé que el abandono no fue por otra. Me ha encantado tu respuesta. Tu carta: ya el comienzo es cuanto menos intrigante. "A quién corresponda"; y en tus líneas te diriges a alguien en particular, a quien estuvo, a quien debería estar y a quien ya no está ¿quizá se escribe a el mismo, a su cordura, a su inspiración perdida? Esa hubiera sido mi interpretación para responderte. Me han encantado los dos textos. Espero leer más cosas tuyas.

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  4. Brillante, aunque bucea en la oscuridad hay luz en tus letras.

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